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Ponencia presentada en el Foro Espiritual de Estella-Lizarra, Junio de 2006
“Es mejor estar en el infierno que ser un hipócrita” Bahá’u’lláh Introducción
La Fe bahá’í es la más joven de las religiones independientes del mundo. Surgió en Irán, a mediados del siglo XIX, y hoy en día tiene unos diez millones de seguidores repartidos en los cinco continentes. Su fundador es Bahá’u’lláh (1817-1892) quien declara ser un enviado de Dios para nuestra época.
Si bien los principios espirituales en los que se basa la Fe Bahá’í son coincidentes en su mayoría con muchas de las religiones conocidas, la praxis religiosa y moral es tan diferente en algunos aspectos que pueden sorprender a quien la estudia por primera vez. La ausencia de clero, de rituales, la supeditación del valor de los buenos hechos a la sinceridad con que se realizan, la consideración de la verdad religiosa como relativa y no absoluta, son aspectos a tener en cuenta para entender el contexto en el que se presentan las enseñanzas bahá’ís.
Revelación progresiva
Bahá'u'lláh enseña que Dios educa a la humanidad a lo largo de la Historia mediante el envío de Mensajeros o Profetas a distintos pueblos y naciones. Cada uno de estos Mensajeros o Manifestaciones de Dios ha traído las enseñanzas de Dios adecuadas a la mentalidad o coyuntura histórica del pueblo para el que fueron reveladas. Cuando la civilización evoluciona y requiere nuevos conocimientos y leyes, un nuevo Mensajero surge entre los seres humanos para revelar nuevas enseñanzas. Desde este punto de vista no hay motivo para la discordia religiosa, pues todos los grandes Mensajeros provienen de un único Dios y obedecen a un mismo propósito. Bahá'u'lláh, declara: "No puede haber duda alguna de que los pueblos del mundo, de cualquier raza o religión, derivan su inspiración de una única Fuente celestial y son los súbditos de un solo Dios. La diferencia entre las ordenanzas a las que están sometidos debe ser atribuida a los requisitos y exigencias variables de la época en la que fueron reveladas."
Aproximadamente cada mil años, Dios envía a un Ser cuyas palabras tienen el poder de impulsar la motivación humana, sustituyendo costumbres derivadas de la ignorancia, para dar paso a una civilización espiritual e instruida. A Estos Sagrados Seres, les llaman profetas, manifestaciones de Dios, fundadores de religiones.
“El propósito de Dios al enviar Sus Profetas a la humanidad es doble. El primero es liberar a los hijos de los hombres de la oscuridad de la ignorancia y guiarles hacia la luz de la verdadera comprensión. El segundo es asegurar la paz y la tranquilidad de la humanidad y proveer todos los medios por los cuales ello pueda ser establecido." Bahá'u'lláh
"Puesto que no puede haber un lazo de comunicación directo que una al Dios único y verdadero con su creación, Él ha ordenado que en cada edad un Alma pura e inmaculada se haga manifiesta en el Reino de la Tierra y del Cielo. A través de las enseñanzas de este sol de la Verdad, todo Hombre avanzará y desarrollará. Es con este mismo objetivo que en cada edad los Profetas de Dios han aparecido entre los Hombres." Bahá'u'lláh
Javier Melloni, Teólogo Jesuita, participó en el V Congreso Internacional Trinitario que se celebró el 18 de noviembre de 2004 en la ciudad española de Granada, con una ponencia sobre pluralismo religioso del siglo XXI, en la que destacó que “los seguidores de las religiones son los que cierran la revelación de Dios. La religión judaica se cerró en sí misma creando el judaísmo que no acepta al Mesías, el cristianismo se cierra y no acepta el islamismo. Y el Islam, que se presenta como la más tolerante, también se cierra y no acepta la última revelación hecha por Bahá’u’lláh, la Fe mundial bahá’í”. Al congreso, dedicado al Diálogo entre las religiones para la justicia, la libertad y la paz en el mundo, acudieron más de trescientas personas entre las que se encontraban teólogos, sacerdotes, estudiantes de teología y una representante de la comunidad bahá’í. Para defender su teoría sobre la revelación progresiva afirmó que “algo nuevo está sucediendo, aún en la oscuridad”...”A partir de 1975 surgió la necesidad de ver el Cristianismo, como una religión más que gira alrededor del sol (Dios)”...”¿Con qué nombre puedo llamarte, a Ti que posees todos los nombres?” ... ”Debemos ver a las demás religiones como receptáculos del - darse- de Dios. No competir sobre qué copa está más colmada, esto es inútil”.
El Báb
En el año 1844 un joven comerciante persa, Siyyid 'Alí-Muhammad (1819-1850), declaró ser un enviado de Dios, y que su misión era la de preparar a la humanidad para la llegada del Prometido de todos los tiempos. Adoptó el título de El Báb (La Puerta) y fue el fundador de la religión babí. Cientos de miles de personas se declararon seguidores suyos. El Gobierno persa, fuertemente presionado por el clero chiíta, decidió acabar con la nueva religión mediante un atroz baño de sangre que se saldó con la muerte de miles de creyentes babíes. El Báb mismo fue ejecutado públicamente en el año 1850. Tal fue su influencia, que la prensa, los orientalistas y pensadores europeos de la época se hicieron eco de su vida y enseñanzas.(1) Entre los seguidores del Báb destacaba un joven de noble linaje. Su nombre era Mirzá Husayn-'Alí Nurí (1817-1892), quien más tarde adoptaría el sobrenombre de Bahá'u'lláh (La Gloria de Dios). Su carácter bondadoso, así como Su sabiduría y desapego hacia las riquezas materiales, Le granjearon el cariño de las gentes. Tras la ejecución del Báb, la persecución acabó por alcanzarle. En 1852 fue encarcelado en una de las mazmorras más inhumanas de la capital. Fue allí donde recibió la primera señal divina de la misión que Le aguardaba como el Prometido de todas las religiones del pasado.
Bahá’u’lláh
Las protestas de las delegaciones europeas, unidas a la posición y reputación de Bahá'u'lláh, evitaron Su ejecución. En 1853, Él y Su familia llegaron en calidad de desterrados a Bagdad. La gradual reorganización de la dispersa y desmoralizada comunidad babí puso en evidencia la autoridad de Bahá'u'lláh e indujo a que el Gobierno persa solicitara al Gobierno turco un nuevo traslado a tierras más distantes. En abril de 1863, pocos días antes de partir hacia Estambul, Bahá'u'lláh reunió a un pequeño grupo de babíes, a quienes confió Su verdadera condición. Este hecho marca el nacimiento de la Fe Bahá'í. Tras una permanencia de pocos meses en la capital otomana, Bahá'u'lláh fue nuevamente desterrado, esta vez a Edirne (la antigua Adrianópolis, en la Turquía europea). Desde allí, Bahá'u'lláh dirigió cartas a los reyes y gobernantes de las naciones más poderosas del mundo (Napoleón III, el zar Alejandro II, la reina Victoria, el káiser Guillermo I), así como a las grandes autoridades religiosas de la época, como el papa Pío IX. En ellas, Bahá'u'lláh les anuncia Su misión, les amonesta por los excesos cometidos con sus súbditos, les invita a establecer la Paz Mundial y les advierte de las graves consecuencias si persisten en su negligencia. El emperador otomano en persona decidió finalmente desterrar a Bahá'u'lláh a la colonia penal de 'Akká (San Juan de Acre, en la actual Israel), dondeSu cautiverio conoció tres etapas: encarcelamiento en una celda (desde 1868 hasta 1870), confinamiento dentro de la ciudad (hasta 1877) y reclusión en una casa a las afueras de la ciudad (hasta 1892). Irónicamente recibido al principio por la muchedumbre como el dios de los persas, Bahá'u'lláh fue ganando el respeto y la admiración de cuantos llegaron a tratarle. Durante todos estos años, Bahá'u'lláh reveló innumerables obras, que constituyen el cuerpo fundamental de los Escritos Sagrados bahá'ís. Ésta es la primera vez en la Historia en que se conservan los escritos originales del fundador de una religión. Entre toda su obra, ocupa un lugar preeminente el Kitáb-i-Aqdas (el Libro Más Sagrado), revelado en 1873.
La Alianza
Tras siglo y medio de existencia, la Fe Bahá'í sigue preservando su unidad, hecho que constituye uno de sus rasgos distintivos como religión. Los bahá'ís atribuyen este hecho a la Alianza establecida por Bahá'u'lláh en Su testamento, en virtud de la cual se fijó la línea de sucesión y las bases del Orden Administrativo bahá'í. Hoy, la Casa Universal de Justicia, con sede en Haifa (Israel), constituye el órgano supremo del Orden Administrativo bahá'í, tal y como queda estipulado en los Escritos Sagrados bahá'ís. Esta institución, formada por nueve personas, es elegida cada cinco años.
Bahá'u'lláh falleció el 29 de mayo de 1892. En Su Testamento instó a todos los bahá'ís a volverse hacia Su primogénito 'Abbás Effendi, conocido como 'Abdu'l-Bahá (1844-1921), a quien nombró Intérprete de Sus enseñanzas. Este hecho, también singular en la historia de las grandes religiones, es conocido como el Convenio o Alianza de Bahá'u'lláh. En aquel momento, la comunidad bahá'í estaba integrada por varias decenas de miles de seguidores dispersos en media docena de países de Oriente Medio. En 1909, tras la revolución de los jóvenes turcos, 'Abdu'l-Bahá fue liberado de Su confinamiento. Poco después partió rumbo a Europa. En 1911 visitó Londres y París, y en 1912 emprendió una larga travesía que le llevaría a Norteamérica. En estos viajes 'Abdu'l-Bahá proclamó públicamente, en iglesias, sinagogas, universidades y toda clase de foros, el mensaje revelado por Su padre. Su vida, consagrada a ejemplificar las enseñanzas bahá'ís, despertó la admiración general. 'Abdu'l-Bahá designó como sucesor a Su nieto Shoghi Effendi. De esta forma se prolongaba la Alianza de Bahá'u'lláh y se salvaguardaba la unidad de la comunidad bahá'í frente a posibles escisiones. 'Abdu'l-Bahá falleció en 1921 en Palestina.
Shoghi Effendi (1897-1957) dedicó su ministerio a cuatro tareas fundamentales: la interpretación de las Escrituras Sagradas de Bahá'u'lláh, la traducción de éstas al inglés, el desarrollo del Centro Mundial Bahá'í, con sede en Haifa (Israel), y la puesta en marcha del Orden Administrativo establecido por Bahá'u'lláh. A su muerte, la comunidad bahá'í estaba integrada por varios cientos de miles de seguidores, residentes en más de 50 países. Desde 1957 en adelante la comunidad mundial bahá'í continuó experimentando un crecimiento acelerado. En 1963 los bahá'ís de todo el mundo eligieron por primera vez a su órgano supremo de gobierno: la Casa Universal de Justicia.
La justicia como cualidad espiritual suprema
Para los bahá'ís, la justicia es un principio que reviste una importancia especial. En el plano individual —dice Bahá'u'lláh— la justicia nos hace ver con nuestros propios ojos y no con los de los demás, y nos mueve a conocer con nuestro propio conocimiento y no por el del prójimo. En el plano social, la justicia constituye el principio que debe animar el proceso de construcción de la emergente comunidad global. La aplicación de la justicia, como garante de la prosperidad y de la estabilidad de dicha comunidad, conlleva la eliminación de la riqueza y pobreza extremas.
¡OH HIJO DEL ESPÍRITU! Ante mi vista lo más amado de todas las cosas es la Justicia, no te apartes de ella si me deseas, no la descuides para que confíe en ti. Con su ayuda verás por tus propios ojos y no por los ojos de otros, conocerás con tu propio conocimiento y no mediante el conocimiento de tu prójimo. Pondera en tu corazón cómo te corresponde ser. En verdad, la justicia es mi don para ti y el signo de mi amorosa bondad. Tenla, pues, ante tus ojos. Bahá’u’lláh (Palabras Ocultas)
Al quebrantado, vendadlo con las manos de la justicia, y al opresor floreciente, aplastadlo con la vara de los mandamientos de vuestro Señor, el Ordenador, el Omnisciente. Bahá’u’lláh (Kitáb-i-Aqdas)
¡OH OPRESORES DE LA TIERRA! Apartad vuestras manos de la tiranía pues me he comprometido a no perdonar a nadie su injusticia. Este es mi convenio, que he decretado irrevocablemente en la tabla guardada firmándolo con mi sello.
Bahá’u’lláh (Palabras Ocultas)
La unidad como meta de desarrollo social
La unidad es el principio central del mensaje bahá'í. Bahá’u’lláh declara que existe un único Dios, que desde siempre se ha manifestado a los hombres para que puedan conocerle y amarle. Este diálogo ininterrumpido entre Dios y la humanidad se ha producido por mediación de mensajeros o enviados como Krishna, Moisés, Buda, Cristo o Muhammad. Los bahá'ís reconocen en Bahá'u'lláh al nuevo enviado de Dios. En el plano social, en los Escritos bahá'ís se asevera que "la unificación de la humanidad es el sello distintivo de la etapa a la que ahora se acerca la sociedad". Ahora bien, los bahá'ís no persiguen la uniformidad, sino "la unidad en la diversidad". Por ello, no sólo se muestran profundamente respetuosos hacia la riqueza y diversidad de los pueblos del mundo, sino que las promueven como requisito para el logro de la unidad de la humanidad.
La armonía entre la ciencia y la religión
Una visión retrospectiva de la Historia nos muestra que la humanidad ha contado con dos sistemas fundamentales de conocimiento: la ciencia y la religión. Sin embargo, pocas veces ha existido una relación armoniosa entre ambos sistemas. Si bien es cierto que la ciencia ha sufrido constantes embates en nombre de la religión, no es menos cierto que la religión ha sufrido acosos injustificados en nombre de la ciencia. Desde la perspectiva bahá'í, el progreso de la humanidad requiere de la coexistencia armoniosa de ambos sistemas. La emergente civilización mundial demanda una redefinición de las relaciones entre ciencia y religión, de tal modo que sus respectivas visiones de la existencia tengan cabida en los procesos de generación y aplicación de conocimiento.
Más que una mera tolerancia mutua, las enseñanzas de Bahá’u’lláh sobre la armonía entre la ciencia y la religión contemplan dicha armonía como una necesidad para promover los mejores intereses de la humanidad. La religión que se opone a la razón degenera en superstición y, llevada al extremo, en fanatismo. La ciencia sin ética degenera en materialismo y se pone al servicio exclusivamente de los poderosos.
El avance de la mujer
Otro de los principios cardinales de la Fe Bahá'í es la igualdad de derechos, privilegios y oportunidades entre mujeres y hombres. Para quienquiera que conozca la idiosincrasia de la sociedad iraní en los siglos XIX y XX resulta cuando menos sorprendente que en los escritos originales de la Fe Bahá’í – surgida en dicho país – se afirme lo siguiente:
“Las mujeres cuentan como idénticas a los hombres. Dios ha creado a toda la humanidad en Su propia imagen, y según Su propia semejanza. Esto es, el hombre y la mujer son por igual reveladores de Sus nombres y atributos; desde el punto de vista espiritual no hay diferencia entre ellos. Quienquiera que se acerca más a Dios, tal persona es la más favorecida, sea hombre o mujer.”
‘Abdu´l-Bahá
Desde la perspectiva bahá'í, la emancipación de la mujer debe considerarse como uno de los requisitos esenciales para la consecución de la paz mundial. Aunque las mujeres constituyen algo más de la mitad de la población mundial, sin embargo, lastradas por inercias históricas, su participación en todas las esferas del quehacer humano sigue siendo escasa. Esta situación redunda en perjuicio de la propia mujer y socava el correcto funcionamiento de todas las instituciones, desde la familia al Estado. Desde el punto de vista bahá'í, la igualdad de derechos, privilegios y oportunidades entre ambos géneros se entiende en clave de complementariedad. De este modo, una vez reconocidas las diferencias entre mujeres y hombres, se podrá asumir sin mayores traumas que cada parte aportará a los procesos de construcción social sus valores más intrínsecos. Por su parte, el ejercicio de este tipo de corresponsabilidad requiere de condiciones de igualdad y respeto mutuos.
La desarrollo espiritual del ser humano
“La veracidad es la base de todas las virtudes humanas” Bahá’u’lláh
En las Escrituras bahá'ís se asevera que el ser humano posee una doble naturaleza: una material, y por tanto perecedera, y otra espiritual, que es imperecedera. Esta última caracteriza al ser humano y lo distingue del resto de los seres vivos. Así como en lo material la persona está sujeta a las leyes del mundo físico, del mismo modo su naturaleza espiritual se rige según principios propios. Consecuentemente, el ser humano debe satisfacer tanto sus necesidades físicas (subsistencia, protección, identidad) como sus necesidades morales y espirituales (afecto, comprensión, participación, creación, libertad, trascendencia). Para los bahá'ís, el propósito del ser humano en esta vida consiste en el desarrollo de sus cualidades espirituales. Dicho propósito requiere de un entorno social favorable para la satisfacción de las necesidades humanas.
Las Enseñanzas Bahá'ís hacen hincapié en el hecho de que el objetivo último del ser humano en esta vida es la transformación. Para ello, los bahá'ís procuran desarrollar cierta disciplina en lo personal mediante el recurso regular a la oración, meditación, lectura de los Escritos Sagrados, etc. Además, dan por sentado que el crecimiento espiritual de la persona está íntimamente ligado a su capacidad de servicio y amor a la humanidad; pues sólo a través del desarrollo de estas capacidades logra el ser humano cumplir con su propósito, a saber: conocer y amar a Dios. El trabajo en espíritu de servicio ha sido elevado por Bahá'u'lláh al rango de adoración.
Aunque alguien lavase los pies de la humanidad entera y adorase a Dios en los bosques, valles y montañas, en los altozanos y elevadas cumbres, sin dejar ni roca, ni árbol, ni trozo de tierra que no presenciaran su adoración, con todo, si en él no se percibiese la fragancia de Mi beneplácito, sus obras jamás serían aceptables ante Dios. Así lo ha decretado Quien es el Señor de todos. ¡Cuántos hombres se han retirado a las regiones de la India, negándose las cosas que Dios declaró lícitas, imponiéndose austeridades y mortificaciones, y no han sido recordados por Dios, el Revelador de Versículos! No uséis vuestras obras como trampas con que apresar el objeto de vuestra aspiración, ni os privéis de este Objetivo Último por el cual han suspirado cuantos se han acercado a Dios. Di: La vida misma de todas las obras es Mi complacencia, y todas las cosas dependen de Mi aceptación.
Bahá’u’lláh (Kitáb-i-Aqdas)
Para el desarrollo espiritual del ser humano existen dos leyes poderosas: la oración y el ayuno. Estas leyes también tienen una praxis específica en la Fe Bahá’í. Además resulta esencial el desprendimiento del mundo material.
Existe una obra de Bahá’u’lláh titulada “Los Siete Valles” en la que se describen las siete etapas del viaje místico que todo ser humano está llamado a emprender a lo largo de su existencia. El primero de estos valles o etapas es el Valle de la Búsqueda. Para poder entrar en este valle, uno se tiene que desprender del apego al mundo y a su propia visión del mundo.
El mundo no es más que una apariencia, vana y vacía, una mera nada que lleva semejanza de realidad. No pongáis vuestros afectos en él. No rompáis el vínculo que os une con vuestro Creador y no seáis de aquellos que han errado y se han desviado de sus caminos. Ciertamente digo: El mundo es como el vapor en un desierto; el sediento sueña que es agua y lucha por alcanzarlo con todas sus fuerzas, hasta que cuando llega a él, encuentra que es sólo una mera ilusión.
Bahá’u’lláh
Enseñanzas básicas de Bahá'u'lláh
Sólo hay una deidad suprema (Dios) y es incognoscible para el hombre. Bahá'u'lláh escribe al respecto:
"Tan perfecta y abarcante es Su creación que ni mente ni corazón, no importa su pureza o perspicacia, podrá alcanzar a vislumbrar la naturaleza de la más insignificante de sus criaturas; mucho menos mensurar el misterio de Aquel que es la Estrella Diurna de la Verdad, que es la Esencia invisible e incognoscible..."
"Todo aquello que los sabios o místicos dijeron o escribieron nunca ha sobrepasado, ni puede aspirar a hacerlo, las limitaciones a las que el intelecto finito del hombre está sujeto. No importan las cimas que la mente del más exaltado de los hombres pueda alcanzar, ni las profundidades en las que el corazón pueda penetrar. La criatura nunca podrá trascender sus propios pensamientos. La meditación del pensador más profundo, la devoción del más consagrado de los santos, las más altas expresiones de alabanza salidas de la lengua o de la pluma, son sólo reflejos de lo que ya ha sido creado dentro de cada uno".
Sólo existe una humanidad -- las distinciones de raza, género, etc. sólo son distinciones de apariencia, no del carácter innato o de la aptitud y son iguales a los ojos de Dios. Todas las grandes religiones del mundo reciben su inspiración de la misma fuente divina.
`Abdu'l-Bahá escribió:
Las diferencias entre las religiones del mundo son producto de los distintos tipos de mentalidad. Considerando las relaciones y posición de los distintos fundadores de las grandes religiones del mundo, a las que los bahá'ís se refieren como "Manifestaciones de Dios",
Bahá'u'lláh escribe:
"Dios ha ordenado que el conocimiento de estos seres santificados sea al conocimiento de Sí Mismo. Quien los reconozca ha reconocido a Dios. Quien escuche su llamada ha escuchado la voz de Dios y quien testifica de la veracidad de su Revelación ha testificado de la veracidad del mismo Dios. Quienes les dan la espalda han dado la espalda a Dios y quienes no creen en ellos no creen en Dios . . . Ellos son Manifestaciones de Dios entre los hombres, las pruebas de Su Verdad y las señales de Su Gloria"
Ya que los fundadores de las religiones del mundo son esencialmente las manifestaciones de un Dios, se sigue que las religiones mismas provienen de la misma fuente y tienen el mismo propósito. Bahá'u'lláh insta a los fieles de las distintas religiones a echar a un lado sus diferencias.
"El Gran Ser dice: ¡Oh hijos de los hombres! El propósito fundamental que anima la Fe de Dios y Su Religión es salvaguardar los intereses y promover la unidad de la raza humana, así como impulsar el espíritu de amor y compañerismo entre los hombres. No os hagáis una fuente de disensión y discordia, odio y enemistad"
Bahá'u'lláh instó a la eliminación de la intolerancia religiosa. `Abdu'l-Bahá expresa la misma idea con mayor énfasis en su testamento.
"Fraternizad con todos los pueblos y religiones del mundo con la mayor sinceridad, fidelidad, cordialidad, buena voluntad y amistad, para que todo el mundo sea lleno del santo éxtasis de la gracia de Bahá, para que la ignorancia, enemistad, odio y rencor se desvanezcan del mundo y las tinieblas del desencuentro entre los pueblos y linajes del mundo den paso a la Luz de la Unidad".
REFERENCIAS
Fuentes bahá’ís: [B1] www.com-bahai.es [B2] www.bahai.org [B3] W.S. Hatcher, J. Douglas Martin; “The Bahá’í Faith: The Emerging Global Religion”; Harper & Row Publishers; San Francisco (USA), 1985. Existe versión española bajo el título “La Fe Bahá’í. La nueva religión mundial”. Editorial Bahá’í de España; Terrassa, 1995.
Fuentes independientes: [I1] http://es.wikipedia.org/wiki/Bahaísmo [I2] A. M. Cáceres, L. J. Reyes; “La Fe Bahaí, ¿una nueva religión mundial?; Ediciones RyC; Madrid, 1998. [I3] Enciclopaedia Britannica. Ver entrada “bahai”.
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