“ESPIRITUALIDAD NO ES ALGO AÑADIDO AL HOMBRE, ES ALGO DEL HOMBRE”

Entrevista a María Toscano y Germán Ancoechea. El especialista en mística comparada participó en la ceremonia inaugural del Foro 07

 

Callan tanto como lo que otorgan, pero ya lo que otorgan es bien grande. Viven, estudian, escriben juntos en una armonía que no parece de este mundo. Saben qué cuestión corresponde a quien. A quien le toca callar, a quien expresarse cuando les lanzamos preguntas, cuando permitimos a nuestro alma manifestarse en su sed.

A ese mutuo amor, propio de los místicos que ellos conocen como nadie, le salió canas y se hizo aún más entrañable con todo una vida por detrás, con tantos años orando y cantando juntos al mismo Dios sin nombre de la Vida y el Amor.

Él fue el famoso, el que se codeó, desde la responsabilidad de una de las más grandes empresas españolas, con los grandes de Iberoamérica. Ella era la “señora de…” y sin embargo es ahora ella la cara más visible. Él se oculta tras los libros y en una naturaleza que se le tornó imprescindible. Ella, la catedrática de filosofía, da la cara ante los alumnos y en los foros a los que les toca acudir. Porque desde hace años, con toda la autoridad que sin pretenderlo emanan, esta singular pareja de tan heterodoxos cristianos, son abanderados de los credos que se reencuentran y de una mística redentora que supieron hallar en las más variadas tradiciones. Hicieron de la iniciación una opción también de nuestros días y del símbolo una pista aún más bella y comprensible.

Nos reciben en su casa en el centro de Madrid. El tiempo pasa sin percibirlo hundidos en los grandes sillones de su salón. Les acribillamos con interrogantes sin piedad a la carrera de esa sabiduría, tan humilde, exacta, amena y admirable, que nos cautiva desde un primer momento y que en balde ensayamos cazar con apuntes y grabadoras. Es tanto lo que ocultan como lo que comparten, pero ya lo compartido ha sido tan grande…

Iniciación a la Iniciación, Místicos neoplatónicos y Neoplatónicos místicos, ¿Qué decimos cuando decimos Dios? y Mujeres en busca del Amado es la cosecha de toda una vida, los libros alumbrados con belleza y conocimiento, experiencia y docencia, lucidez y amor, fiel reflejo de lo que ellos mismos encarnan.

María Toscano  participó con una ponencia en la ceremonia de inauguración en 2006 del Foro Espiritual. Germán Ancoechea hizo otro tanto en la edición del año 2007. Los amigos de Fundación Ananta (www.fundacionananta.org) nos han cedido esta  reciente entrevista. 

Fundación Ananta; ¿Háblanos de la espiritualidad del futuro?
María Toscano: Aquellas estructuras que no confíen en el hombre y en eso que en el mundo cristiano se llama Espíritu Santo, se quedarán anquilosadas, pequeñas, estrechas... El Espíritu no se va a quedar enganchado en instituciones que no quieran avanzar…Si las religiones o los grandes estamentos no se dan cuenta de ello, perderán no sólo miles de seres humanos, sino que ellos mismos se perderán.
El mundo va a ir superando miedos y alumbrando una espiritualidad que hará al hombre más feliz y más pleno. La espiritualidad no es algo añadido al hombre, sino algo propio de él. 

FA: ¿Cómo se concreta todo ello?
MT: En actitudes solidarias. Ahora son más importantes que nunca los pequeños gestos, detalles como que un cristiano, por ejemplo, haga ramadán. Intentar de esa manera tan sencilla y tan pacífica armonizar con otro grupo es un gesto hermoso en este momento de choque civilizacional.
Tenemos también el ejemplo del ayuno que es una propuesta común a muchas religiones. Uno puede entender muy bien al otro si hace lo mismo que él. El gesto del cuerpo es parte importantísima de la vida espiritual. La posibilidad por ejemplo de orar en una misma postura es otra opción alentadora. El fomento de este tipo de pequeños gestos se hace preciso a nivel personal, pero también institucional. Las instituciones se van a quedar anquilosadas si no atienden a todo esto. 

FA: ¿Cuál es la importancia del silencio?
Germán Ancochea: El silencio es una actitud de escucha. Si hacemos ruido, no escuchamos ni al otro, ni al mundo, ni a esa realidad sagrada que algunos llamamos Dios, porque no encontramos otro nombre mejor. El silencio es signo, símbolo y método para abrirte al otro y a eso Otro más profundo. La actitud de silencio es la que te permite ir viendo la vida como nueva cada día. 

FA: ¿Qué es realmente esa realidad profunda?
MT: El hombre conserva en su interior una maravilla y a veces la sociedad no le permite verlo. Es una Fuente que necesita ser bebida, como dijo Ireneo en el siglo II. Yo creo que es un ansia muy profunda, de siempre, aunque en cada época cambie el modo de encontrarla. La Fuente es la misma, pero está escondida en cada uno de una manera, por eso cada uno tiene que hacer su propia búsqueda.

FA: ¿Un camino místico distinto para cada uno?
MT: Mística viene de “muein”, que significa “escondido”, “oculto”. En el fondo es una realidad interior humana, que también está callada para uno mismo. Es también uno mismo quien ha de descubrir qué camino quiere emplear para alcanzar y beber de esa Fuente. Como dice San Juan de la Cruz: cada uno va a coger de esa Fuente lo que esté preparado para coger. La Fuente no tiene más límites que los que le ponemos nosotros. El camino espiritual puede convertir la capacidad de nuestro “dedalito” en “tinaja”, pero eso es un esfuerzo largo.
GA: Y te llenas en función de lo que te hayas vaciado. 

FA: ¿Cómo arranca ese camino?
GA: Todo empieza por una llamada para descubrir “la perla escondida” en términos cristianos, que te lleva a una realidad que es mucho más que tú mismo. Como diría Mahoma, Dios está más cerca de ti mismo que tu vena yugular y al mismo tiempo te trasciende absolutamente; y lo único que le molesta para hacerse patente eres tú mismo. 
MT: Uno tiene que quitarse del medio. La llamada sigue resonando siempre en la humanidad. Ocurre que no todos la recibimos a la vez, ni de la misma manera. 

FA: Si es algo tan universal ¿por qué despierta también tanto rechazo?
GA: Hemos cegado los caminos con la hojarasca de las palabras que llegan a resultar molestas. Es necesario cambiar de nombre la experiencia para quitarle esas resonancias. Nosotros somos cristianos viejos y nuestro camino espiritual ha sido redescubrir, a partir de aventuras más o menos esotéricas, que el Cristianismo tiene todas las respuestas que buscábamos, igual que todas las religiones, pero todas están oscurecidas. 

FA: ¿Estorba el ego para el progreso en el camino espiritual?
GA: Sin duda el ego es el principal obstáculo en el camino espiritual, pero para transcenderlo hay que tenerlo. Pero cuidado: si tienes un ego diluido, vete antes a un psicoterapeuta. El mundo espiritual está lleno de despistados. Todo camino iniciático exige un ego razonablemente constituido. Con la religión pasa lo mismo: puedes prescindir de ella sólo cuando la has vivido e interiorizado. Ello no indica que no se pueda hacer esa experiencia sin pasar por una religión. Hay infinitos caminos. Las religiones en determinados momentos han podido ofrecer un rostro oscuro y dejar por ello de ser un camino. 

FA: ¿Cuál es el papel fundamental de las religiones?
MA: En el nivel exotérico, todas las religiones, hinduismo y budismo, las tres grandes monoteístas, etc. cumplen la misión pedagógica de intentar responder a preguntas básicas y ofrecer una cosmovisión acorde con la cultura en que se vive.
GA: Pero si las religiones no llegan a darte la llave de casa como hicieron tus padres un día, entonces tienden a mantener al individuo infantiloide. Pueden azuzar la culpabilidad y la desconfianza hasta el punto que los fieles abriguen miedo a la libertad y a la búsqueda…

FA: ¿Por qué es tan difícil un acercamiento entre los mundos cristiano e islámico?
MT: Creo que hay mucha intransigencia por parte de los dos; durante el siglo XX habíamos ignorado al mundo árabe y ellos han decidido ser también sujetos de la historia. Creo que Estados Unidos los está machacando y ellos tienen su orgullo, como toda persona que ha sido humillada.
GA: Aunque no se trata de que importen la Revolución Francesa para sí, el mundo islámico debería de hacer una lectura crítica del Corán y superar su literalidad como se superó la de los Evangelios. Pero muchos musulmanes están refugiados en lo más férreo de su identidad cultural, porque se sienten castigados por el llamado mundo occidental.
Ellos tampoco han sido unos angelitos, pero si reparamos en los mitos de Occidente –Cristianismo; igualdad, libertad y fraternidad; marxismo, y liberalismo americano- sus seguidores han matado y siguen matando tanta gente como la que se ha podido matar presuntamente en nombre del Islam.

FA: ¿Cómo influye en ambas civilizaciones la religión?
MT: A los musulmanes les resulta difícil concebir un mundo laico. No han sabido distinguir los ámbitos de lo sagrado y de lo profano, de forma que temen tener que renunciar a su fe si quieren liberarse de una sociedad confesional y clerical.
GA: Nosotros también nos seguimos moviendo un poco entre esos extremos. Pasamos de “Franco bajo palio” a la “dictadura de lo políticamente correcto”.

FA: ¿Necesitamos la tutela de un maestro?
MT: El maestro, en el sentido genuino de la palabra, es necesario para que nos oriente por el camino que nos lleva a nosotros mismos.
GA: La primera trampa es la palabra tutela. Esta puede estar relacionada con el papel que fungen religiones, no así los maestros. El maestro es un señor que ha hecho la experiencia y que te puede indicar el camino, nunca obligarte ni dirigirte en ningún sentido. Hay saltos hacia otro nivel de ser que no se pueden dar solos.
Al final únicamente está la Gracia de Dios, el Espíritu Santo, o como queramos llamar a la intervención de esa parte de la divinidad que compartimos. No obstante siempre está latente el riesgo de perderse y de quedar sumido en la ignorancia. Construimos ídolos constantemente y el papel del maestro es destruirlos y ayudarte cuando te sacude el ego o entras en la “noche oscura del alma”, noche que, por cierto, los psiquiatras no saben tratar.

FA: ¿Habéis encontrado maestro vosotros?
MT: Sí, alguno que otro. Primero hay que ponerse en camino; “soltar” la religión, variar el trayecto e introducirse hacia dentro, que es un itinerario único y exclusivo que sólo puede recorrer la propia alma para llegar a la Fuente. En ese itinerario es precisa la ayuda.
Hay un proceso de la propia búsqueda, auspiciado por la Gracia, si se quiere llamar así, que va acercándote hacia tu próximo maestro o hacia lo que necesites. Para ello es necesario abandonarse. Es el famoso desapego, que constituye el mayor desafío de la vida espiritual.

FA: ¿ Hasta dónde alcanza ese desapego?
MT: Hasta del propio nombre. El libro del Apocalipsis habla de la piedrecita blanca que cada uno tiene con su nombre grabado desde la eternidad. Hay que renunciar al propio nombre para llegar al nombre verdadero.
Vivir constituye un proceso de paulatina recuperación de ese nombre. El camino espiritual constituye el desafío de llegar a ser tú mismo; retornar a aquello de lo que procedes y adonde también vas a llegar. Para ello hay que estar dispuestos a que te rompan todos los esquemas mentales.

FA: ¿Y la función de los círculos esotéricos?
GA: Cumplen su papel de ayudar a despertar; pero muchos tienden a cosificarse, a convertirse en una caricatura de las religiones. La gente vuelve a pedirles recetas y desde muchos de esos círculos llegan incluso a sugerirte lo que has de hacer para salvarte: “Has de comer arroz integral, ponerte una pirámide de cuarzo en la cabeza…”. Pero no hay que generalizar algunos, son una importante ayuda en el camino.

FA: ¿Cuál es el principal riesgo de los movimientos espirituales esotéricos?          
MT: Hay un peligro en quienes se han creído responsables del bien espiritual del hombre y no han sabido estar atentos al Espíritu. Por el contrario observamos grupos de gente no confesional con una vida espiritual muy profunda.
GA: Enseguida quieren la seguridad que da el saber las verdades: “…yo tengo la verdad porque sé lo que fui en mi anterior encarnación”, “porque sé lo que tengo que comer”… Ya San Pablo nos previno con respecto a la vanidad espiritual de las obras.

FA: ¿Es más sano un sincretismo?
GA: Es bueno que los credos se reconozcan y sepan que buscan lo mismo. Sin embargo para el buscador pertenecer a varias tradiciones es muy difícil. Las religiones a la carta no funcionan.
MT: Cuando ahondas, el agua profunda es la misma para todos, el sufí, el hindú, el cristiano… Aunque las tradiciones espirituales están marcadas por una cultura en particular, todas acaban bebiendo de la misma agua.
De cualquier forma el sincretismo barato es peligroso. Tampoco hay que confundir el camino espiritual con los deseos propios, mal comprendidos y elevados a categoría de verdades. El ejemplo anterior de “comer el arroz integral y llevar el cucurucho en la cabeza” es una ridiculización de algo muy serio.

FA: ¿Acercarse al otro es por lo tanto nota de nuestros tiempos?
MT: Así es. Hace falta una especie de finura, una sensibilidad espiritual para ir avanzando y comprendiendo todo lo que te rodea. Si no avanzas en esa apertura, no puedes comprender la verdad de la que el otro es también portador. Cuando te quedas en ti, puedes caer en la soberbia.

FA: ¿Se pueden reconciliar espiritualidad y progreso?
GA: Es secundario que a la dimensión espiritual la llames Dios, hermano o lucha por la justicia… Hay un cierto prejuicio entre esos que nos llamamos progres, o lo hemos sido en nuestra juventud, de pensar que la vida espiritual es para quienes no son capaces de encontrar fundamento y consuelo en otro lugar, sin darse cuenta de que quien lucha por la justicia será sentado a la derecha del Padre. Ello hace que se pierdan una dimensión de la existencia mucho más profunda
MT: La iluminación conquistada da luz a todo lo que se va dejando atrás. Hay personas que se resisten a atender a la llamada y renuncian a penetrar en una nueva dimensión de la vida.

FA: ¿De qué depende que escuchemos esa llamada?
GA: Son tiempos más fértiles para esa llamada, dada la profusión de espacios y foros de encuentro y mutuo enriquecimiento espiritual. Esos espacios de paz y armonía pueden convertirse en auténticas antesalas de otro mundo superior.

FA: Iniciación a la iniciación es uno de vuestros principales libros.
GA: La iniciación es un proceso connatural al hombre, y que por lo tanto tiene que ser compatible con todas las circunstancias. La tradición iniciática se remonta, en occidente, al tiempo del Egipto clásico.
El hombre, para llegar a su plenitud, tiene que dar saltos en el nivel del ser; es su muerte y resurrección continuada. Desde fuera pueden crucificarle. Quien inicia el camino es una persona molesta, porque es libre y no se deja domesticar.
Estamos en una sociedad hipereconomicista e hipersexual que pretenden distraer la atención del buscador.
MT: La iniciación produce cambios muy fuertes. El iniciado es una persona que ve el mundo de otra manera, porque él está en el mundo de otra manera.

FA: ¿Cómo afectan estos valores a la actividad profesional?
GA: La interiorización de estos valores superiores hace innecesario someterse a una ética forzada, uno se comporta como es. A veces por ejemplo, el elemental “no mentir” puede ser incómodo, pero no hay otra opción, no se sabe actuar de otra manera. Las actitudes rectas acaban siendo rentables.

FA: ¿El camino espiritual es personal o de grupo?
MT: Es personal pero al mismo tiempo es un camino de amigos, de hermanos. Cuando emprendes el camino, encuentras gente que está implicada en la misma búsqueda.
Es la hermandad a la que se han referido siempre las tradiciones espirituales. En el caso de los budistas, la “shanga” representa muy bien ese concepto de comunidad.

FA: ¿La relación con los demás da la medida del avance espiritual?
GA: Eckhart dice que si estás en el mayor de los éxtasis y tu hermano está enfermo, has de dejar el éxtasis y llevar a tu hermano un tazón de sopa. La aportación a la comunidad es básica.
De cualquier forma hemos de observar que el progreso en el camino espiritual es útil para todos, porque cada vez que un ser humano se acerca a la cima, su testimonio va a servir al resto de los hombres.
MT: Aunque lleves una vida espiritual muy profunda, has de preguntarte si los que están a tu alrededor son felices, si te has ocupado de los que dependen de ti. El examen final es: ¿cómo está tu hermano?...

La Redacción
Fundación Ananta
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