Las diferentes comunidades participantes en el primer  Foro con la Señora alcaldesa de Estella y otras autoridades municipales.

 

ESTELLA. CIUDAD DE ENCUENTRO

Estella-Lizarra, está situada en la zona media de Navarra, provincia del norte de España. La ciudad se encuentra como metida en un circo de colinas bajas, tan oculta para quien se acerca que, según el dicho, "no se ve Estella hasta llegar a ella". Este cerco, de pequeñas alturas, suaviza su clima, abrigándola del viento. La cruza el río Ega, que vierte su caudal en el Ebro. A lo largo de la amplia curva del río, por su orilla izquierda se extiende un hermoso paseo, Los Llanos, con frondoso arbolado y jardines. Ciudad alegre y cordial, ofrece al visitante su encanto especialísimo, por las evocaciones de sus antiguas construcciones que mantienen vivo el recuerdo de épocas lejanas.

 

Nace en 1090, cuando el monarca de Navarra y Aragón, Sancho Ramírez, decide fomentar el asentamiento de francos (comerciantes, hombres libres del vasallaje a nobles y eclesiásticos) en este lugar, a mitad de camino entre Pamplona y Logroño, y donde se hacía necesaria una población que atendiera la creciente afluencia de peregrinos que de toda Europa dirigían sus pasos a la tumba del apóstol Santiago. Al poco tiempo, este camino estuvo, en su paso por Estella, flanqueado por tiendas y hospederías abiertas por los recién llegados burgueses, en su mayor parte procedentes de fuera del Reino.

 

El auge económico tuvo su reflejo inmediato en la importante actividad constructora, que en un plazo breve de tiempo transformó este primitivo núcleo comercial en un conjunto urbano bien definido.

A lo largo de la Rúa, desde el Santo Sepulcro a Rocamador, a partir del siglo XII, se levantaron sólidos edificios, principalmente religiosos, que, en palabras de Caro Baroja, hicieron de Estella "la capital del románico navarro". La tradición explica que el rey Sancho Ramírez eligió este lugar para su propósito repoblador movido por el milagroso descubrimiento de una imagen de la Virgen por parte de unos pastores que se encontraban en la montaña del Puy. Fue en torno al año 1085.

 

También sucedió que en 1270, apareció en la tumba de un oscuro peregrino , una caja de madera en cuyo interior se encontró un omoplato. Las indagaciones identificaron al misterioso romero con el obispo de Patras, la ciudad griega donde fue martirizado el apóstol san Andrés.

La Rúa de las Tiendas del burgo de los francos encontró la competencia de la Carrera Luenga, la actual calle Mayor, que en su largo trazado une los nuevos barrios de san Miguel y San Juan al tiempo que se ensancha a la derecha para dar lugar a plazas abiertas al comercio como la del Mercado Viejo. Dentro del barrio de San Juan se abren las plazas de San Juan y de Santiago, la más moderna, pues en el siglo XVI todavía no se había construido todo su perímetro. Éste fue el inicio de un camino azaroso que a lo largo de nueve siglos nos conduce a la Estella de hoy, una ciudad que mantiene su vieja función de cabeza de merindad y que, como tantas otras, se esfuerza por armonizar su pasado histórico y cultural con las necesidades que nuestro tiempo reclama.

 

Las fiestas de Estella, que se centran en el viernes anterior al primer domingo de Agosto, ofrecen una gran animación y alegría, unidas a una forma de ser que recuerda en más de un aspecto, a las de San Fermín de Pamplona. Hay encierros y corridas de toros; los gigantes y cabezudos recorren las calles, entre el bullicio de jóvenes y viejos. También por la noche encontramos buen ambiente nocturno en los bares de lo viejo de Estella.

 

La ciudad de Estella

 

Estella es una pequeña ciudad (16.000 habitantes) situada en la provincia de Navarra, en el Norte de la península a 45 kms. de Pamplona y 390 kms. de Madrid. Es la capital de una amplia comarca agrícola y turística conocida por Tierra Estella. Esta antigua urbe, cargada de historia y de arte, constituye uno de los centros más emblemáticos del Camino de Santiago. De hecho sus orígenes son debidos a su ubicación al borde de la ancestral senda espiritual.

 

Estella constituye también un punto de encuentro de diferentes culturas (navarra y vasca), climas y geografías… y a lo largo de la historia se ha distinguido como ciudad de acogida y encuentro. La líder espiritual Amma aterrizó los primeros años en Estella, antes de trasladarse a la gran ciudad de Barcelona para impartir su Darshan (ceremonia de acogida).

 

Ya en nuestro pasado reciente, la comarca de Estella ha albergado a diferentes grupos y movimientos espirituales, algunos de los cuales han iniciado en su geografía experiencias comunitarias.

 

 

TIERRA DE ACOGIDA

 

En el año 1090 el Rey de Navarra Santxo Ramírez promulgó el Fuero de Estella con el objetivo de crear un punto de acogida y parada para los que, en pleno auge del Camino de Santiago, iban a Compostela en peregrinación. Las ventajas concedidas propiciaron la instalación de buen número de francos, o sea personas exentas de impuestos, que poblaron rápidamente los bordes del Camino. Así, Estella se convirtió en poco tiempo en la primera parada relevante del peregrino tras la unión en Puente la Reina de los Caminos procedentes de Roncesvalles y Somport, cumpliendo así el objetivo pretendido por el rey navarro.

Sin duda, el Fuero citado fue el mayor impulso histórico que ha recibido la ciudad, la cual además tuvo ocasión de ver parar y pasar a gentes de procedencias muy diversas, que dejaron un poso que le hace a Estella-Lizarra probablemente ser la ciudad más navarra y europea a la vez. Siempre defensora de sus tradiciones y su cultura autóctona, es a la vez un lugar abierto a la creatividad y la innovación, a la buena acogida del que aquí se acerca con buena intención. La convivencia de los navarros estelleses con gentes venidas de fuera y la costumbre de recibir y despedir a gente de paso han hecho mella en su carácter ya de por sí hospitalario, a la par que han dado origen a múltiples actividades aprendidas y transmitidas a lo largo de los siglos. Rodeada de montañas y ganado por un lado, y de rica agricultura por otro, desarrolló el punto de encuentro de los mercados semanales, como pieza económica fundamental que se completaba con los artesanos, comerciantes, negociantes y empresarios, que con las lógicas adaptaciones en todas las actividades a lo largo de los tiempos, han llegado hasta hoy.

 

La tolerancia, con sus borrones puntuales, ha estado presente en una ciudad que llegó a ser trilingüe, si se cuenta que además del euskera autóctono y el castellano, se habló el occitano, hoy desaparecido.

El recorrido por los siglos no ha estado exento, como la vida de las personas, de momentos álgidos y de baches. En los buenos momentos se construyeron edificios románicos y góticos, civiles y religiosos, que dan a Estella su perfil turístico de primera línea, y que avalan el nivel artístico y económico del periodo al que corresponden. En los malos momentos aguantó lo que tenía en espera de coyunturas más favorables.

Siempre ha sido un punto de referencia fundamental en Navarra. La apuesta por la tradición le llevó a ser corte carlista proyectándose así definitivamente a la Historia en un lugar preferente. Su deseo de modernidad le llevó a crear empresas surgidas de la gente de aquí, que aún hoy forman la base más importante del tejido industrial de la zona, aunque en diversos casos su gestión haya pasado a otras manos en un mundo cada vez más globalizado y despersonalizado.

Y acompañando a la industria se han desarrollado unos servicios, siempre necesitados de ampliación y mejora, pero que son un punto de referencia y atracción importante para el forastero. Y para las inversiones, una vez que el punto flaco de las comunicaciones entre en vías de solución.

El atractivo de la ciudad y su entorno, y la buena acogida ha supuesto que muchos forasteros, en particular guipuzcoanos y vizcaínos en menor medida, hayan hecho de Estella su segunda residencia permanente. A ellos se añaden los turistas ocasionales y de paso. Y los forasteros que, pensando en una estancia corta y provisional, se ven atrapados por sus gentes y deciden integrarse en la ciudad convirtiéndose en unos vecinos más. Y los peregrinos, como testigos de excepción en un largo Camino que les permite saborear los estilos e idiosincrasia de los puntos de paso y parada.

Estella ha sido protagonista de excepción en muchas ocasiones. Testigo de muchas cosas y muchos eventos de todo tipo y desde hace muchos años. Y lo seguirá siendo. La vieja Lizarra es un lugar ante el cual pocos quedan indiferentes. Atrae y facilita los contactos personales, ya que tanto el encuentro casual como el buscado son fáciles, y eso crea posibilidades de vivir un mundo más humano, más cercano, y más dialogante. Es decir, precisamente lo que hace falta y se echa de menos en muchas ocasiones. Sobre todo, cuando son conflictivas y precisan de comprensión y diálogo. Estella, la bella...

Javier Caamaño Eraso

Más información:
www.terra.es/personal/marbrava/estella.htm